Sobran sobras

Siete personas en una mesa. Siete. Imagínense una cantidad ingente de comida. ¿Celebración? El encuentro de dos hermanos tras unos pocos años sin verse. Alrededor del tablero hijos, cuñados y nieto. En concreto uno de los dos hermanos es mujer, organizadora del encuentro. Entre ella y su marido (el cuñado) preparan tales proporciones de alimentos por barba que acaban por sobrar por todos los lados. Todos hemos quedado muy bien, el cigarro -para quien fume- es otra maravilla de la comida (entendida como encuentro) y el café acompaña a unos estómagos más que agradecidos por esta gran cita. ¡No! Caemos en un gran error.

Yo mismo organicé otra cena. Sobras, sobras y sobras.  Demasiados platos. Siempre preocupados de que el resto de comensales queden estupendamente, en todo momento pendientes de que los otros acaben muy bien. Perfecto y absolutamente normal. Y otra vez…¡No!

No es que los invitados a una velada deban quedarse con hambre, nada más lejos de la realidad. Pero el preparar grandes cantidades de comida y un gran número de platos cuando las medidas no están firmes en las manos del cocinero, puede llevar a un enorme desperdicio. A perder algo tan valioso como la comida cuando, en muchas ocasiones, quien la prepara es una persona humilde sin una cartera abarrotada de billetes. Los días posteriores serán sobras y más sobras las que se abrirán paso por los estómagos de los anfitriones. No queda más remedio.

No hablo de consumismo extremo porque es una cita y ya está. Pero si se puede hablar de dos extremos que se tocan: el exceso de responsabilidad y la irresponsabilidad. El exceso, porque quieres ver a los inivtados a gusto. Lo consigues. Pero la irresponsabilidad llega en el momento en que el cubo de la basura se llena con productos que han perdido facultades o que, directamente, están podridos por no haber dado tiempo a terminar esas sobras. La comida no se tira. Vivimos en un momento en que el hambre planea por todos los rincones del mundo y deberíamos darnos cuenta, aunque queramos ser los mejores anfitriones, de que ese juego es total y absolutamente amoral. Aunque surja desde la inconsciencia de hacer pasar un buen rato degustando platos de cosecha propia.

No sirve de nada hacer más. De lo que sirve es que cuando el cubo de la basura se llena de sobras, estamos contribuyendo a la gran desigualdad del planeta. Eso no es de ser ni mejores anfitriones ni mejores comensales.

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Published in: on noviembre 4, 2008 at 11:31 pm  Dejar un comentario  
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